LA HISTORIA DE SUPREME: DE SKATERS A ÍCONO GLOBAL

Toda gran marca nace con una idea simple y un propósito firme. Algunas comienzan con millones en inversión; otras, con una camiseta en blanco y una actitud desafiante.

Hoy te contamos la historia de una de las marcas más disruptivas del streetwear global. No por imitarla, sino para entender que la grandeza no se mide por el tamaño del comienzo, sino por la fuerza con la que decide irrumpir.

Nueva York, 1994.

James Jebbia, un tipo común obsesionado con el skate y la cultura callejera, decidió abrir una tienda en el Soho. El lugar tenía algo distinto: los skaters podían entrar y salir con sus patinetas puestas, sin que nadie les dijera nada. La ropa no estaba colgada como en las tiendas tradicionales: estaba diseñada para ellos, pensada para moverse, para resistir, para vivir la ciudad.

El logo: una caja roja con letras blancas. Inspirado en el arte provocador de Barbara Kruger.

Simple. Audaz. Ilegalmente imitado en todo el mundo.

Lo que pasó después fue inesperado. Sin hacer publicidad tradicional, sin rebajas, sin seguir las reglas del lujo, Supreme se convirtió en objeto de culto. Las personas hacían fila por horas solo para comprar una gorra. Las colaboraciones con Louis Vuitton, The North Face o Nike se agotaban en segundos.

Pero más allá del hype, Supreme dejó una lección clara:

Si tienes identidad, no necesitas gritar.

Si sabes quién eres, el mundo te escucha.

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